La Dama de Blanco del Cementerio de la Recoleta
En el barrio porteño de la Recoleta se encuentra uno de los cementerios más emblemáticos y lujosos de Buenos Aires. Imponentes bóvedas adornan el lugar, donde el lujo es tal que las familias más acaudaladas se aseguraban un lugar de descanso eterno, convencidas de que así también tendrían su sitio en el paraíso. Lleno de monumentos que representaban a la persona en vida, el Cementerio de la Recoleta, además de ser el lugar donde descansan figuras tan conocidas como la señora Eva Duarte de Perón, cuya bóveda es visitada a diario por casi todos los turistas que pasan por nuestra hermosa República, es el escenario de interesantes historias que hoy empezaré a narrar.
Hoy traigo a la memoria una de las historias más atrapantes de la época, una que a mi madre le encantaba contar: historias de amores, odios, muertes, amantes y, por qué no, de fantasmas, uno de mis temas favoritos. En una de mis publicaciones anteriores, les conté una leyenda urbana sobre una muchacha que mancha su vestido con café y huye despavorida, mientras su amor la sigue y ella se esfuma en la puerta del cementerio. Pero la verdadera historia comienza en un bar de la Recoleta.
Luz María García Velloso, de 15 años, murió de leucemia en 1925. Si de leyendas urbanas se trata, Luz María, o la Dama de Blanco, se llevaría el primer puesto. La hermosa joven sale a tomar algo por la tardecita-noche por la Recoleta y conoce a un caballero que queda impactado por su belleza. Como comienza a refrescar y él la ve un poco pálida y desabrigada —ya que lo único que llevaba puesto era un vestido largo blanco, de ahí su apodo—, el joven, muy atento, le ofrece su abrigo. Al apoyárselo en los hombros, nota que la muchacha está tan fría como el mármol. Osadamente para la época, el caballero la invita a tomar un café, lo cual ella acepta sin dudar. Al primer sorbo, torpemente, ella derrama café sobre la solapa del saco que tenía puesto.
De un momento a otro, ella le dice que tiene que irse y sale huyendo del lugar. Al día siguiente, él va a buscarla a su casa con la excusa de recuperar el saco, pero en lugar de eso, se encuentra con la noticia más aterradora que jamás hubiera imaginado: la madre de Luz le informa que su hija había muerto de leucemia. Para disipar sus dudas, lo acompaña al cementerio. Cuando se abre la bóveda, el muchacho se encuentra con que sobre el féretro estaba su saco, con la mancha de café.
Algunas alternativas a esta historia cuentan que, después de volcar el café en el saco, ella se asusta y sale huyendo despavorida. Él la sigue de cerca, aunque no puede alcanzarla, y cuando pasan por la entrada del cementerio, ella se esfuma. El caballero golpea la puerta del lugar con desesperación, casi al borde del llanto. El cuidador, que lo escucha, le pregunta qué le pasaba e intenta calmarlo. El caballero le explica la historia y el cuidador lo lleva directamente hasta la tumba de Luz María, pues ya estaba acostumbrado a ver a la señorita deambulando por el cementerio en la noche. El muchacho acompaña al cuidador y, en la puerta de la bóveda, apoyado, se encontraba el saco con la mancha de café. Versiones cuentan que el muchacho enloqueció y jamás se supo nada más de él.
P.D.: ¿Habrá llevado el saco a la tintorería?
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