El verano, en Acheral, una localidad cerca de los ingenios, caía como un manto pesado sobre la casa de los Albornoz, enclaustrada entre adoquines calientes y el murmullo incesante de las chicharras. Alma Mendel, una joven de Buenos Aires con la piel aún pálida por los aires del sur, había llegado para pasar unas semanas con su abuela, doña Elena, una mujer de fe inquebrantable y secretos bien guardados.
Desde el primer día, una higuera centenaria en el patio trasero de la casona atrajo la atención de Alma. Sus ramas nudosas se retorcían como dedos esqueléticos hacia el cielo, y su follaje espeso proyectaba una sombra perpetua, incluso bajo el sol más implacable. Doña Elena, al verla contemplar el árbol, susurró con una voz que fue más advertencia que explicación:
—De noche, hija, ni te acerques. Esa higuera está maldita.
Alma, como buena adolescente, recibió la advertencia con una pizca de escepticismo y otra de curiosidad. Los primeros días transcurrieron entre siestas eternas y tererés compartidos, pero la higuera la llamaba. Una noche, el calor era insoportable. Los ventiladores gemían inútilmente y un extraño desasosiego se apoderó de ella. Se levantó de la cama, como empujada por una fuerza invisible, y caminó descalza hacia la ventana que daba al patio.
La luna llena bañaba el jardín con una luz espectral, tiñendo de plata las hojas del árbol. Una brisa fría —extraña para una noche tan húmeda— agitó las ramas. Era casi medianoche. Un escalofrío le recorrió la espalda. Vio una figura borrosa bajo la higuera, una silueta etérea que parecía danzar con el viento. La curiosidad venció al miedo. Alma bajó sigilosamente las escaleras, con el corazón latiéndole como un tambor desbocado.
A medida que se acercaba al árbol, la temperatura bajaba. El aire se volvió espeso, cargado de un olor a tierra húmeda y jazmines marchitos. La figura fue tomando forma: era una mujer vestida con un antiguo vestido de novia, blanco, raído, suelto en jirones. Su cabello oscuro caía desordenado sobre un rostro desfigurado por el sufrimiento. Y sus ojos, dos cuencas vacías, se clavaron en Alma.
Un susurro gélido, casi inaudible, flotó en el aire:
—Él me engañó… con su hermana…
La voz, cargada de una amargura antigua, resonó dentro de la cabeza de Alma. Entonces comprendió la historia que su abuela había evitado contarle: la novia de la higuera, una joven de la familia que, al descubrir la traición de su amado con su propia hermana, se había ahorcado bajo ese árbol. Desde entonces, su espíritu, consumido por el dolor y el deseo de venganza, quedó atrapado entre los mundos. Nadie debía perturbar su descanso.
La novia extendió una mano huesuda hacia Alma. No era un gesto de ayuda: era un llamado fatal. Alma quiso gritar, quiso correr, pero sus pies parecían clavados al suelo. Una fuerza invisible la arrastraba, centímetro a centímetro, hacia el corazón oscuro de la higuera. El pánico se apoderó de ella mientras sentía el frío de esa mano etérea que ya casi la alcanzaba. Los ojos vacíos de la aparición ardían con un fuego vengativo, y Alma sintió que su propia vida se drenaba, succionada por el abismo de dolor de la novia.
A la mañana siguiente, doña Elena encontró la ventana de la habitación abierta de par en par. La cama deshecha. Pero Alma no estaba. Solo una brisa suave, cargada del inconfundible aroma a jazmines marchitos, movía las cortinas.
Desde entonces, bajo la higuera maldita de los Albornoz, la sombra de la novia no acecha sola. A veces, justo cuando la luna alcanza su punto más alto, parece parpadear junto a ella una segunda figura: más joven, más desorientada… atrapada para siempre en la maldición del amor, la traición y el árbol que nunca debió tocarse.
¿Te Atreves a Entrar en la Sombra? ¿Buscas esa historia que te erice la piel, que te haga mirar dos veces a la oscuridad de tu habitación, o que te transporte a mundos donde la lógica se dobla? ¡Entonces has llegado al lugar correcto! En este rincón digital, cada día es una nueva aventura en los dominios del misterio y la fantasía. Actualizamos diariamente con relatos que te harán dudar de la realidad, cuentos que exploran los rincones más oscuros de la mente humana y universos fantásticos.
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